López-Gatell: un ejemplo para la posteridad. Parte 2

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Por Alesandra Martin

¿Qué ha fallado en todos los gobiernos del mundo? A dos años de la pandemia, no ha existido una comunicación gubernamental eficaz para modificar e implementar hábitos de sanidad en la ciudadanía.

Si aún no has leído la primera parte de este análisis, puedes consultarla aquí.

¿Qué falta por hacer en México?

Si bien, un país en vías de desarrollo no precisa de las mismas medidas de restricción que un país desarrollado, ciertamente lo que sí precisa es de implementaciones de hábitos de sanidad e información objetiva a la ciudadanía.

Veamos: muchas veces escuchamos argumentar en las ruedas de prensa del encargado de la pandemia en México, el Subsecretario de Salud Hugo López Gatell, señalar que teníamos “ventaja” por sobre los países de Europa porque la pandemia había iniciado ahí, pero esa promesa de no tener igual número de contagios o muertes se desdibujo por completo a medida que la pandemia llegaba al continente americano.

De la misma manera se desdibujó la esperanza en los municipios donde se pensó que se erradicarían los contagios, los llamados «municipios de la esperanza». También perdimos la esperanza que el epidemiólogo alentaba en nosotros, cuando señalaba que eran «los picos más altos» y pronto sería el fin de la epidemia en México pero los contagios siguieron en aumento, el número de muertos, las nuevas variantes del virus, el cierre de sus ruedas de prensa diarias de las 7 pm…

La estrategia siempre fue la no saturación de los hospitales del país, o por lo menos eso parece, las reconversiones de la infraestructura hospitalaria de México se hicieron rápida y eficazmente, el bombardeo en la comunicación de no salir de casa, ni acudir a hospitales si se tenía algún síntoma a menos que la saturación de oxígeno fuera insuficiente.

La disminución de contagios, la disminución en el número de muertes ocurrió justo después que Gatell saliera de la esfera pública. Ocurrió con un proceso de vacunación masivo bien informado, en el que, si bien sigue existiendo un retraso en el número de la población vacunada, mucho ayudo a la salud de las y los mexicanos y a la salud de la imagen pública del gobierno de México y del partido Morena recaído en la figura del Presidente Andrés Manuel López Obrador.

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Cuando se está ante una situación de crisis (en este caso la sanitaria) y sin certidumbre, lo que ética prácticamente no debe hacerse es es alimentar una realidad que no existe. ¿Por qué? Porque la realidad tarde que temprano te alcanza en una pandemia, como nos alcanzó a los millones de mexicanos que escuchamos decir al subsecretario de salud que el cubrebocas no servía y era sólo para los médicos. México comenzó de pronto a usarlo porque, aunque le comunicaron lo contrario, la realidad nos alcanzó.

Lo mismo ocurrió con la nueva variante Omicron, en México comenzaba a dejar de usarse el cubrebocas porque se pensaba (se sigue pensando) que la vacuna evita los contagios, hasta que la realidad de la nueva variante nos alcanzó.

Entonces qué hacer, la decisión del presidente de la República de ya no utilizar medidas de restricción por el impacto en la economía fue muy acertada, pero la decisión de Gatell cuando tenía en sus manos comunicar a más de 100 millones de personas un panorama objetivo y utilizar todos los medios para implementar hábitos de higiene, fue perjudicial.

México con más de 70 millones de pobres y muchos en la informalidad laboral, ciertamente necesitaban un lujoso encargado de la epidemia que apostara por la ética humana e implementara medidas sanitarias que, hasta ahora, después de dos años, siguen siendo las más eficaces contra los contagios.

Por cierto, para quienes no saben, la vacuna no evita que te contagies ni que contagies a otros, reduce muy significativamente el riesgo de morir, pero no todas las vacunas son eficaces para la nueva variante.

Alesandra Martin

@AlesandraMartin

México. Es consultora en Comunicación Política, Estratégica y Gubernamental. Docente universitaria y maestra en Psicología Social por la BUAP. Cuenta con estudios de posgrado por en Comunicación Política e Institucional por la UCA de Buenos Aires.


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