Hacer política con causa

Por Mateo Mayo

En artículos anteriores se ha discutido la importancia de las causas políticas y sociales. No solo para efectos de comunicación política, sino para la política en sí misma. Y es que hoy en día es abundante la clase política que no conecta con el electorado, ya que no se identifican las razones por las que hace política.

Incluso, en la clase política es común escuchar aspiraciones individuales: “yo quiero ser gobernador”, “yo quiero ser presidente”, “yo quiero ser senador”. Estas frases tienen un gran trasfondo social, psicológico y de comunicación, que vale la pena analizar.

Primero, esas declaraciones parten del “yo”. Esto supone un error, no solo político, sino también de comunicación, debido a que se torna egoísta al centrarse en el individuo, cuando la política es inherente al colectivo.

Segundo, expresan un deseo individual, nuevamente egoísta, porque no propone un futuro para el electorado, solo visualiza un futuro para quien expresa el mensaje.

Tercero, no contiene las “causas” por las que se busca el cargo. Este último punto es relevante, porque el electorado está cansado de una clase política que es pura forma y discursos sin fondo. —Un mayor análisis del tercer punto se encuentra en un artículo publicado recientemente en este sitio—.

En este punto, cabe reflexionar la siguiente pregunta: ¿por qué hacer política? La respuesta sencilla, es porque existen problemas sociales que requieren atención. Aún hay muchas causas y luchas pendientes. No obstante, pareciera que muchos políticos y políticas hacen política por intereses individuales. En consecuencia, no logran posicionarse como una “opción viable” para el electorado, simplemente porque no tienen nada que ofrecerles, más que un sueño individual.

Lo anterior se complica aún más a la hora de comunicarlo, porque no se puede ganar una elección con un discurso que gire en torno a: “quiero su voto, porque yo quiero ser gobernador”. Ni siquiera logra generar conexión con el electorado y sin conexión no hay posibilidad de voto. Esto genera que el ciclo de comunicación política, y de la política misma, se vuelva un círculo vicioso:  el político no conecta con el electorado – el electorado se decepciona de la política – cada vez hay menos personas interesadas en la política.

Muy distinto sería un discurso basado en una lucha o causa social, con un objetivo colectivo, por ejemplo: “luchar por una ley de salud mental”. El mensaje contiene un beneficio social posible y parte de una necesidad de la comunidad, no de un sueño individual. No basta solo con hacer política, es necesario tener claro los motivos por los que se hace política. En suma, la política no es para cumplir metas individuales, sino para permitir sueños colectivos.

Mateo Mayo Gómez

@MateoMayoG

México. Estudiante de Relaciones Internacionales. Consultor jr. Independiente especializado en marketing político y diseño de campañas.


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