El saltimbanqui político:

Ya lo decía Luis Lozada León – abogado, columnista en Excélsior – «¿dónde quedó la fidelidad política?». A lo largo de la historia política de nuestro país, hemos sido observadores del saltimbanqui de los políticos, donde después de militar décadas para un partido, deciden integrarse al partido de la oposición, olvidando sus ideales.

El término «saltimbanqui» proviene del italiano saltare in banco, que significa literalmente «saltar en un banco», teniendo sus orígenes en los espectáculos callejeros con acróbatas, cómicos, payasos y titiriteros en la Europa medieval.

Si bien, este término ha sido utilizado en el mundo de la política para referirse a políticos que abandonan a su partido base para incorporarse a otra bancada, o peor aún, cuando saltan de un escaño a otro dentro del poder legislativo.

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Tomemos de ejemplo a los políticos que se pasean por distintos cargos para no perder, como coloquialmente conocemos, «el hueso», y seguir subsistiendo en él. Aquellos que, de ser congresistas estatales, llegan a ser diputados federales, después senadores y, si tienen suerte, gobernadores; pero al término de su periodo, regresan a algún escaño inferior.

¿Dónde queda la oportunidad de la juventud, su posibilidad de representar cargos de elección popular, dirigencias de algún partido político, o por qué no, una gubernatura?

Existen muy pocos jóvenes políticos al frente de una secretaría de Estado, como lo es Luisa María Alcalde, actual Secretaria de Trabajo y Previsión Social, o Román Meyer Falcón, actual Secretario de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano del gabinete presidencial.

Este saltimbanqui político sólo demuestra la poca fidelidad de las corrientes ideológicas, la nula lealtad a los votantes y traición al partido que alguna vez les apoyó.

Pero no todo es culpa meramente de ellos, los políticos, también lo es de la corrupción. Aquellos que abandonan a sus bancadas por la promesa de recibir mejores ingresos, un puesto más alto o apoyo para alguna candidatura estatal o federal.

Esa ambición de obtener más a cambio de traicionar a su partido, sus compañeros y a la gente que confió en ellos a lo largo de su trayectoria política.

Esta tendencia no terminará pronto, se necesitaría erradicar la cultura política del servilismo, la corrupción y otorgar el apoyo a los jóvenes políticos que trabajan arduamente para llegar a ocupar un lugar en el poder legislativo.

 Luis A. Domínguez

@AntDominguez_

México. Politólogo y asesor en Comunicación Política e Imagen Pública

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