El «meme» en la comunicación

Los mexicanos, cuando se trata de gestionar los momentos complicados y difíciles, solemos ser muy creativos, “cómicos” y hasta burlones en situaciones donde, en otras culturas, pudieran ser causa de solemnidad y seriedad; como bien pudiera ser la muerte, de la cual hemos creado un sinnúmero de festejos, tradiciones y costumbres que van desde lo festivo hasta lo cómico. Es justo esta ambivalencia que ha permitido que el llamado “meme” sea tan atractivo y utilizado en temas sociales, económicos y políticos.

Un meme es el uso de imágenes, gifs, frases, videos, textos o una mezcla de todos estos, que se difunde en entornos digitales, siendo las redes sociales uno de los canales más usados y que como concepto, tiene su origen en la definición del biólogo Richard Dawkins, quien lo acuñó  para ejemplificar la evolución cultural y que es usado para transmitir información, filias, deseos, opiniones e ideas de una generación a otra sin mayor uso de elementos más que los visuales.

Así, es recurrente que muchos memes que hemos visto en años pasados, siguen siendo vigentes y entendibles al paso del tiempo, pues todo meme tiene implícitas dos características básicas: son interpretables y son recurrentes.

Ese es justamente el gran valor del meme, que dicho sea de paso, no ha sido estudiado en profundidad a pesar de ser un elemento constante en la comunicación actual.

Es innegable que la presencia del humor como elemento asociado al entendimiento y comprensión de la política se da no solo en México, sino en el mundo entero. Es común que podamos encontrar ejemplos de rutinas cómicas que tienen como fondo una situación política actual o vigente y que para bien o mal, ha servido para conectar y vincular audiencias que de otra manera quizás no estarían tan interesadas en el tema en cuestión.

El meme en sí facilita la discusión de un tema candente y al mismo tiempo, descarga las emociones contenidas en la psique del emisor y receptor. Así,  el desencanto, la ira, la tristeza o la desesperanza pueden ser mejor entendidos cuando se traducen al lenguaje del meme;

Lo cierto es que no hay evidencias de que esta exposición ( de un tema en formato meme) encauce la conversación a un debate sano, más allá del chacoteo. Quizás para algunos , el meme sea un mal elemento pues podría desvirtuar un tema de fondo y hacerlo aún más efímero al recurrir únicamente al chiste ligero y rápido, sin tener un impacto profundo en la formación cívica y política del ciudadano, pero lo cierto es que en el 2020 la presencia de ellos (memes) está abriendo un nuevo frente  en cuanto  a la agenda política nacional.

Y es justo este punto el que debería ser contemplado y considerado por los responsables de la comunicación social de las entidades públicas. Ha quedado atrás el “control” del mensaje y de los productos que desde una oficina se crean para difundir y posicionar la narrativa en turno. Ahora mismo es posible encontrar que los mismos ciudadanos toman el mensaje pero lo traducen en otros “lenguajes” y formatos, es decir, son transformados en función de gustos e intereses y muchas veces el mensaje original, el institucional, dista mucho de aquel que está circulando ahora mismo en redes sociales y grupos virtuales y que no puede ser controlado ni censurado, ya sea por libertad de expresión así como por ser fundamento de la democracia.

Cierto es que para algunos investigadores como J. Ratkiewicz  en su estudio “Detecting and Tracking Political Abuse in Social Media“ el meme funciona como publicidad política donde este representa la opinión pública y cómo también puede llegar a formarla y en tiempos de “fake news” esto último toma gran valor por la “facilidad” de moldear o re-encaminar la percepción y opinión por medio del uso de memes.

¿Es necesario entonces que las dependencias usen el meme como elemento de comunicación? No necesariamente, hemos visto casos donde se ha tratado de usar y el efecto fue adverso pues un meme no es un punto en un check list de productos y aplicaciones oficiales. Lo que si es fundamental que el análisis del mensaje, del discurso, de las acciones no solo sea revisado en cuanto retórica y orden, sino que también tengamos en mente que lo que se planea difundir, mencionar o promover puede ser rápidamente transformado en un meme y habrá que reír o salir y aclarar un punto o mensaje erróneo, aunque el impacto no sea el mismo.

Nos queda entonces ser más sensibles y al mismo tiempo, analíticos de lo que decimos, ya no solo lo que digamos puede ser usado a favor o en nuestra contra, en realidad, todo puede ser “memeable”.

Felipe Reyes Barragán

@FelipeReyesBa

México. Especialista en relaciones públicas, gestión de crisis, protocolo oficial y organización de eventos.

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