El meme en la comunicación

Por Felipe Reyes Barragán

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Los mexicanos, cuando se trata de gestionar los momentos complicados y difíciles, solemos ser muy creativos, «cómicos» y hasta burlones en situaciones donde, en otras culturas, pudieran ser causa de solemnidad y seriedad en temas; como bien pudiera ser la muerte, de la cual hemos creado un sinnúmero de festejos, tradiciones y costumbres que van desde lo festivo hasta lo cómico.

Es justo esta ambivalencia que ha permitido que el llamado «meme», un recurso viral a lo largo y ancho del mundo digital hoy sea tan atractivo y utilizado en temas sociales, económicos y también políticos.

Un meme es el uso de imágenes, gifs, frases, videos, textos o una mezcla de todos estos, que se difunde en entornos digitales, siendo las redes sociodigitales uno de los canales más usados y que como concepto, tiene su origen en la definición del biólogo Richard Dawkins, quien lo acuñó  para ejemplificar la evolución cultural y que es usado para transmitir información, filias, deseos, opiniones e ideas de una generación a otra sin mayor uso de elementos más que los visuales.

Así es recurrente que muchos memes que hemos visto en años pasados, siguen siendo vigentes y entendibles con el paso del tiempo, pues todo meme contiene de forma implícita dos características básicas: son interpretables y son recurrentes.

Ese es justamente el gran valor del meme, que dicho sea de paso, todavía no ha sido tan estudiado en profundidad a pesar de ser un elemento constante y crucial en la comunicación actual.

Es innegable que la presencia del humor como elemento asociado al entendimiento y comprensión de la política se da no solo en México, sino en el mundo entero.

Es común que podamos encontrar ejemplos de rutinas cómicas que tienen como fondo una situación política actual o vigente y que para bien o mal, ha servido para conectar audiencias que de otra manera quizás no estarían tan interesadas en el tema en cuestión.

El meme en sí, facilita la discusión de un tema candente y al mismo tiempo, descarga las emociones contenidas en la psique del emisor y receptor. Así,  el desencanto, la ira, la tristeza o la desesperanza pueden ser mejor entendidos cuando se traducen al lenguaje del meme.

Lo cierto es que no hay evidencias de que esta exposición (un tema en formato meme) encauce la conversación a un debate sano, más allá del chacoteo.

Quizás para algunos , el meme sea un mal elemento pues podría desvirtuar un tema de fondo y hacerlo aún más efímero al recurrir únicamente al chiste ligero y rápido, sin tener un impacto profundo en la formación cívica y política del ciudadano, pero lo cierto es que en años recientes la presencia de los memes está abriendo un nuevo frente  en cuanto  a la agenda política se refiere.

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Y es en este punto el que debería ser contemplado y considerado por los responsables de la comunicación social de las entidades públicas. Atrás quedó el «control» del mensaje y de los productos creados desde una oficina para posicionar la narrativa en turno.

Ahora mismo es posible encontrar que los mismos ciudadanos toman el mensaje pero lo traducen a otros «lenguajes» y formatos, es decir, son transformados en función de gustos e intereses y muchas veces el mensaje original, el institucional, dista mucho de aquel que está circulando en las redes sociodigitales y que no puede ser controlado ni censurado, ya sea por libertad de expresión o por incapacidad.

Cierto es que para algunos investigadores como J. Ratkiewicz  en su estudio Detecting and Tracking Political Abuse in Social Media, el meme funciona como publicidad política donde este representa la opinión pública y cómo también puede llegar a construirla.

En tiempos de fakenews, construir opinión toma gran valor por la «facilidad» de moldear o redirigir la atención de la percepción y opinión por medio del uso de memes.

¿Es necesario entonces que las instancias públicas usen el meme como elemento de comunicación?

No necesariamente. Hemos visto casos donde se han tratado de usar y el efecto ha resultado adverso pues un meme no es un punto en un checklist de productos y aplicaciones oficiales.

Lo que sí resulta fundamental es que en el análisis discursivo y de las acciones por emprender, el mensaje no solo sea revisado en cuanto orden y retórica, sino que debemos tener en mente que lo que se pretende difundir o promover puede ser rápidamente transformado en un meme y si algo falla, habrá que reír o salir y aclarar un mensaje erróneo con todo y las consecuencias de su impacto.

Nos queda entonces ser más sensibles y al mismo tiempo analíticos de lo que decimos, pues ahora todo lo que decimos no solo puede ser usado a favor o en nuestra contra, sino que hoy todo lo dicho puede ser memeable.

Felipe Reyes Barragán

@FelipeReyesBa

México. Especialista en relaciones públicas, gestión de crisis, protocolo oficial y organización de eventos.

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