Assange en el tablero

Por Gabriel Contreras

Hasta este 13 de abril, según las páginas del NYT, la suerte de Julian Assange se apuntaba hacía dos destinos posibles a mediano plazo: 1. ser extraditado a Estados Unidos para ser juzgado por acciones de espionaje y revelación de documentos. Y 2. Ser extraditado a Suecia, donde lo espera un juicio por violación que ha sido reactivado y podría conducirlo a prisión.

Ciertamente, ninguna de las dos opciones podría resultarle agradable al programador australiano. Veamos el asunto a vuelo de pájaro.

Lady Gaga entrevistó a Julian Assange en la embajada de Ecuador, en Londres. La entrevista dura seis minutos y está registrada en la película “Risk”, de Laura Poitras. En esa entrevista, Assange enumera los organismos internacionales que en ese momento lo investigaban, lo vigilaban o simplemente lo perseguían.

Así, el espectador podía hacerse una idea de la sumatoria de órganos de justicia y espionaje internacional que tenían el dedo puesto en este hombre era punto menos que espectacular. Demencial.

Además, en los diálogos con su abogada, en el mismo documental, se hace patente que la condena que esperaría a Assange en caso de ser remitido ante la justicia norteamericana, podría fluctuar entre los 130 años de encierro o la pena de muerte.

Visto en perspectiva, Julian Assange resulta ser un personaje vital, crucial y emblemático dentro de los horizontes actuales de la política internacional. Y su importancia se expande.

Observemos ahora el caso con cierto detenimiento. Su campo de acción ha tocado diversos ámbitos hasta hoy, terrenos que conforman a su vez un tejido de problemáticas altamente complejo, e imposible de abordar de un vistazo o superficialmente en un artículo, incluso en un libro. Junto a cada uno de los extremos de esa extraña figura geométrica que proyecta, se despliegan a su vez duras cadenas de cuestiones.

Siendo un activista plenamente contemporáneo, Assange se halla -obvio- fuertemente entrenado en el manejo de la informática, las matemáticas y la programación, además de contar con un filoso sentido común, y un ideario político suscrito a temas como el derecho a la información, la transparencia, y la búsqueda de la paz y el cese de las políticas basadas en la agresión militar.

Assange, es bien sabido, ejerce básicamente el periodismo (de algún modo hay que llamarle a la navegación sistemática en la deep web), aunque su labor puede ser observada también como la de un hacker dueño de una ética particular y un pensamiento político que se basa no en el servilismo y la codicia, sino en la crítica decidida de los sistemas de poder.

Evidentemente, Assange es una figura que le da un giro particular a la política y el periodismo, ya que es un desarrollador atípico, que a diferencia de los CEO tradicionales no se plantea crear un emporio o un manantial de dinero a través de e sus ideas (como fue el caso de Jobs, Gates y zuckerberg), sino que posee otro tipo de ambiciones, de un carácter horizontal en el sentido político de la palabra.

La trayectoria de Assange ha surcado diversos capítulos, en los cuales ha participado de conflictivas diversas, y ha ejercido numerosos roles, desde el de periodista y agitador por Internet, hasta el de refugiado político y, posteriormente, el de un militante digital capturado y preso por las autoridades británicas.

Hoy, Assange está recluido en una celda de alta seguridad en  algún lugar de Inglaterra,y luego de haber sido condenado a 50 semanas de prisión, su proceso continúa en marcha y las presiones internacionales en pro de su liberación siguen expresándose en espacios tan disímiles como Londres y Quito.

Pero en realidad lo más inquietante del caso Assange no es tanto lo que pudiera haber difundido desde sus computadoras a lo largo de estos años, sino las reacciones que pudieran surgir más adelante, ligadas a su condición de encierro y a su agenda de contactos, seguidores y asociados.

Esto quiere decir que hay Assange para rato, y otra cosa: Assange ha logrado crear, en un sentido meramente social, una manera de abordar a las fuentes más conflictivas y peligrosas del ámbito militar, para obtener el acceso y la distribución de archivos y datos que han resultado claves para la estabilidad no sólo política sino para la vida militar de capitales de América, Europa y Oriente Medio… Y esa es un arma potencial verdaderamente peligrosa, poderosisima.

Así, su caso merece ser estudiado especialmente en el sentido de que hoy los medios digitales poseen un sentido clave para la comprensión de la dinámica política internacional. La compresión y almacenamiento de los mensajes, la encriptación y su desciframiento, son factores de igual valor en esta coyuntura internacional, y Assange es una pieza clave en todos esos sentidos. Tiene la fuerza de una reina y el dinamismo de un caballo.

Hoy, es imposible abordar el espectro político internacional sin considerar el factor del activismo en las redes, exactamente igual que ocurre con el cine y la animación, la popularidad y las redes sociales. Se trata de acciones que pasaron de ser paralelas a ser complementarias… Hoy, no se comprende una cosa sin la otra.

Podríamos señalar que hay probablemente un gran equívoco detrás del encierro de Julian Assange… Eso podría ser evidente.

En realidad, podríamos esforzar que los gobiernos afectados, en lugar de pretender encerrarlo, podrían quizás intentar “convertirlo”, es decir: ofrecerle algo similar a un acuerdo, una especie de “contrato” o alianza. Y entonces, estarían acercando a su territorio a un impetuoso colaborador, dueño de una sagacidad única en el mundo, un personaje del escenario virtual comparable quizás a McAfee o Kaspersky…O sea, que si en lugar de pensar en matarlo pensaran en integrarlo, podrían hacerse de algo así como su propio Chema Alonso. Va.

 


Gabriel PerfilGabriel Contreras

@geceeme

México. Periodista, dramaturgo, escritor, productor de radio y televisión, psicólogo y podcaster


 

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