La 4T y la toma de decisiones

Con el avance del sexenio se complica el panorama para el nuevo gobierno, una de las ideas que defendí previo a las elecciones fue que la necesidad de un cambio era indiscutible, independientemente de los resultados que pueda obtener la gestión morenista, era muy evidente el agotamiento del modelo económico, las cifras muestran la enorme desigualdad producto de treinta años de neoliberalismo en nuestro país.

Con la llegada de Morena a la presidencia y las expectativas creadas por el Presidente López Obrador, se impone una revisión de las posibilidades de éxito que posee su proyecto, es interesante revisar el tema desde la perspectiva del Maestro Gabriel Campuzano (UNAM, FCPyS, 2016) sobre la complejidad en la toma de decisiones en el ámbito público; dentro de las funciones que desempeña el gobierno como Centro Coordinador Decisional, existen cuatro ámbitos de influencia de las decisiones gubernamentales: político, económico, administrativo y educativo.

Al momento de analizar lo que encierra la toma de decisiones, hay que sumar elementos exógenos que influyen en ellas, como: el medio ambiente físico, legal, social, cultural, así como los poderes informales, trasnacionales y fácticos que pueden desviar o entorpecer el logro de los objetivos.

En el ámbito político, es claro que los juegos de poder influyen en las decisiones y sus resultados, se comienza a percibir cierto movimiento de algunos actores para lograr un posicionamiento rumbo a la elección de 2024. La configuración de poderes está permitiendo y allanando la implementación del proyecto presidencial, lo que podría considerarse positivo, pero peligroso a la vez por el riesgo que encierra la centralización del poder.

En términos económicos, las acciones del gobierno federal provocan incertidumbre, si bien, el peso ha logrado una relativa recuperación frente al dólar, las advertencias de las calificadoras sobre el riesgo de inversión en México deben tomarse en cuenta; por otro lado, la estrategia de austeridad del gobierno se ve rebasada por las necesidades creadas por la implementación de sus programas sociales, lo que ha llevado a la hacienda pública a plantear la posibilidad de escalar hacia lo que el Presidente ha llamado “pobreza franciscana”, esto se traduciría en un debilitamiento mayor de la ya disminuida estructura administrativa del gobierno.

Este debilitamiento administrativo tiene a su vez, un impacto en términos cuantitativos (cualitativamente estamos en la lona desde hace tiempo), la reorganización y optimización de la administración pública en función de los limitados recursos con los que se dispone, representa un enorme reto para los funcionarios entrantes, que, por si fuera poco, han recibido fuertes críticas y señalamientos por la falta de formación y experiencia.

Mientras tanto, el sistema educativo se encuentra ante un panorama poco alentador, se enfrenta la intención del presidente de promulgar una reforma educativa con tintes sociales que suena prometedora, con la resistencia del gremio magisterial que pretende recuperar el control de la política educativa, y la maestra (con minúsculas) Gordillo sobrevolando la escena en espera del momento idóneo para atacar.

Las externalidades también influyen: el crimen organizado y la violencia que no cede, el presidente norteamericano agrediendo, provocando y amenazando todos los días (México es su patiño favorito en la búsqueda de la reelección), una crisis migratoria que parece desbordarse, los grandes capitales presionando para no perder privilegios, una sociedad polarizada por diversos factores entre los que se encuentra la violencia de género, diferencias ideológicas y de clase; gobiernos estatales inmersos en escándalos de corrupción, el ejército sustituyendo a la policía por la pérdida de confianza, con un marco normativo confuso y el riesgo latente de violaciones a los derechos humanos.

En términos generales, esta es la situación que impera en el país, en función de esto deberán tomarse las decisiones que afecten los destinos de la sociedad mexicana para los próximos años. La complejidad que encierra la toma de decisiones impone la necesidad de utilizar herramientas que permitan la identificación precisa de los factores que provocan estos problemas, el diagnóstico es fundamental, las propuestas de solución requieren el conocimiento profundo del problema, sólo así será viable establecer líneas de acción que puedan dar resultados satisfactorios. Lo grave del asunto es que las señales indican que no se está haciendo de esta manera, hay una gran falta de congruencia entre los “qué” y los “cómo”.

Referencias:

Campuzano, Paniagua, Gabriel, “Funciones económicas del Estado y la complejidad de la toma de decisiones” Asignatura: Gestión Económica del Estado Mexicano, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, 2016.


Javier PerfilJavier Estrada

@javierestradaunam

México. Politólogo, administrador público de formación y docente


 

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