Artículos Opinión

Caperucita bajo sospecha

“Caperucita roja” ha sido víctima de muy diversas atrocidades a lo largo de su existencia. Inocente e ingenua, en las páginas de Perrault fue sometida por la seducción infame de un lobo. Y ese engaño, acabaría por convertirla en una historia clásica, fundamental a la hora de dormir.

Al paso del tiempo, y un poco enredada entre la leyenda y la verdad, “Caperucita” resultó materia de censura para un gobierno intolerante ante el color rojo, que encontró buena la opción de teñirla de azul para quitarle de encima sospechas o posibles sediciones.

Es su novela “El recurso del método”, el escritor cubano Alejo Carpentier describió, no sin humor, como cierto dictador de ficción envía a las tropas a recorrer casas y librerías en busca de volúmenes sospechosos -o culpables- que lleven en portada o en su lomo algún signo de la inminente subversión.

Así, disfrazando todo aquello de mentira, Carpentier nos contaba la extraña ocurrencia de Gerardo Machado, aquel tirano que en la década de los treintas ordenó quemar el famoso cuento infantil por incluir la palabra “roja”.

Han pasado muchos años desde entonces, pero las cosas no parecen haber cambiado del todo. Hoy, diversos medios nos indican que “Caperucita roja” vuelve a ser materia de discusión, aunque esta vez no se trata del fantasma que recorre Europa, sino de una nueva amenaza, más acorde con los tiempos de la hipermodernidad y el postcapitalismo.

Esta vez “Caperucita roja” es retirada fieramente de los ojos de los niños catalanes por razones que aluden a cuestiones de género.

Los especialistas de la educación barceloneses han descubierto que hay, aseguran, una preponderancia de lo masculino en la condición del lobo, y cierta actitud de sumisión en el acto de entregar pastelitos por parte de la niña de la capa roja, que es enviada a cruzar el bosque, vejada por un animal (macho), y salvada luego por un hombre (macho también) que además es cazador. Todo eso, tendría que ser modificado para que la mujer no fuera ni inferior ni superior, y para que el hombre no fuera agresor ni machista.

Pero mientras eso todavía no ocurre, “Caperucita”, y 200 libros infantiles más, han sido retirados ya de las bibliotecas públicas en Cataluña, bajo la argumentación de no haber sido confeccionados bajo una perspectiva de género. Ese es el punto.


Gabriel PerfilGabriel Contreras

@geceeme

México. Periodista, dramaturgo, escritor, productor de radio y televisión, psicólogo y podcaster.


 

2 comentarios

  1. Esto de querer sexualizar todo lo que está en nuestro entorno para luego darle el “género” correcto me parece aberrante. Tenemos Hansel y Gretel donde la mala es una bruja y ellos mismos sus súperheros. ¿Qué os pasa Cataluña?

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